La enojada sigue enfurruñada por su conclusión.
La Enojada: Estamos muy mal. Nunca entendimos nada. Nos enseñaron al revés. Uno tiene que disfrutar al final, no al principio. Y nosotros disfrutamos los principios. Uno siempre quiere volver a ser niño… para qué???? Para disfrutar sin problemas, contestan los pelotudos que hay en todos lados.
Y quien les dijo que los niños disfrutan sin problemas??? Lo que pasa que comparados con los que tiene ahora le parecen una pavada, como todos los otros boludos que también se olvidan de su pasado. Incluso de los problemas, que por eso vuelven a repetirlos. Porque son pelotudos… y algunos se rescatan pero otros lo son toda su vida.
Pero los niños tienen problemas, tienen muchos problemas. Un problema de un niño de dos años, grave, para él, sería el siguiente:
NIÑO DE DOS AÑOS: Se levanta por la mañana con la firme intención de agarrar bien el vaso de agua y que no se le caiga. Y si puede, y es un niño exigente consigo mismo, como los de hoy, le agrega complejidad: caminar con el vaso en la mano. También puede haber niños vagos… que al igual que los pelotudos pueden o no reformarse con el tiempo.
Son los que, de adultos, acuden al psicólogo, los pelotudos y los vagos, todos por el mismo problema, en síntesis: no saben que mierda hacer con su vida.
Y pueden suceder tres cosas, como casi siempre en la vida también. A un costado, al otro o al frente. Y las variantes surgen de la combinación de dos de ellas en mayor o menor medida.
O te vas muy para un costado y te suicidás, o le cagás la vida al resto, las dos variantes del lado depresivo.
O te asumís como sos, en el medio, o cambiás y mejorás, del lado de los optimistas… comprendido por ex vagos y/o pelotudos, pero que siempre tuvieron un rasgo optimista. Hay pocos casos de depresivos que se convirtieran en dicharacheros, a no ser por las drogas. Pero, tal vez, podrían llegar a asumirse como son: depresivos, o más bien, asumir que prefieren la comodidad al placer. Y conformarse con eso, que no está mal. Es una elección. Como el rojo y el azul. Y entonces dejarían de ser depresivos para conformarse con ser personas felices. Porque la felicidad está en asumir lo que uno es. Nada más que eso. Y nada menos.
Los optimistas irán por más, y seguramente lo consigan. No conozco ningún optimista depresivo. Y no me salga con eso de los maníacos depresivos. Son maníacos, no optimistas a ultranza. No se los llama “optimistas depresivos” sino “maníacos depresivos”. La diferencia es que la mayoría del tiempo la pasan mal. Aún cuando creen que la están pasando bien. Los optimistas no. Los optimistas van por la vida como si tal cosa. Al igual que los felices que se asumen como son.
Cuando uno piensa que le va a ir mal, muy mal, seguramente hacia allí se encamine. Así piensan los depresivos… todo mal. Pensar mal no es ser malo. Pensar mal es pensar que a uno le va a ir mal en todo lo que emprenda… porque las cosas siempre le salieron mal. Y ve solo eso. De alguna manera, elige ver solo eso. Aunque al principio no note que lo elige.
Todo se centra en administrar duelos. Duelos de lo que nunca llegarán a ser, y duelos de lo que fueron alguna vez, o lo que perdieron.
Todos pasamos alguna vez por ese momento de transitar duelos. Y todos, en mayor o menor medida, consiste en transitar las etapas una a una. En saber administrar el tiempo necesario de cada una. El tiempo que lleve no importa, pero resulta indispensable pasar de una a la otra sin estancarse. Se puede descansar, pero no estancarse. Todo lo que se estanca se pudre. Es así, es natural. Pero lo prodrido da mal olor y también es natural. Pero convengamos que es, también, por lo menos desagradable. No malo, pero si desagradable. Y por desagradable se convierte en malo.
Las etapas de un duelo son las siguientes: negación, enojo, tristeza y aceptación. Lo que enferma es quedarse a vivir en una de esas tres primeras etapas. No es la más difícil la aceptación. Es simplemente una más. En todo caso es la que más tememos. Aceptamos de buen grado la negación, el enojo y la tristeza, porque todas implican estar mal. Pero tenemos miedo al futuro, que sería cambiar de estado y estar bien. Y lo que debería ser una etapa más, se convierte en obligación: TENEMOS QUE ESTAR BIEN. Por eso hacemos dietas, vamos al gimnasio, tomamos pastillas con energizantes naturales, eso sí, y nos ponemos cremas. Pero estar bien es una etapa como las otras. Y se siente adentro, no afuera.
Uno puede ir de afuera hacia dentro como hacen las recién separadas que van a la peluquería, se compran ropa y cambian el auto o el celular. Pero siempre parte de una decisión interna.
Las mujeres simplemente lo hacemos más rápido por pura práctica: nacimos acostumbradas a sufrir. Sufrimos cuando nacemos, cuando manchamos el pantalón con sangre, cuando cogemos la primera vez, cuando parimos, cuando nos depilamos, arriba los tacos y tratando de entrar en talles imposibles.
Por eso, cuando nos toca separarnos, pasamos rápido a la aceptación y el disfrute. Porque sufrimos tanto que ya estamos preparadas para disfrutar el resto de nuestras vidas en etapa de aceptación. Y sabemos también que igual vamos a sufrir un poco. Pero a eso ya estamos acostumbradas. Por eso somos más sensibles y los entendemos. Sufrir un poco, es parte de nuestras vidas y lo aceptamos así como es. No nos importa llorar, ni parecer bobas, ni teñirnos de rubio con cejas negras. Es parte.
Nuestra ropa puede ser hiper ridícula y nadie se asombra por eso. Una no se convierte en lesbiana por eso. En cambio, un ridículo hombre es puto. Dicho por los machistas y por alguna de ellas. Porque a la mayoría de las mujeres no nos molestan los trolos. Nos une el sufrimiento cotidiano y nos pone felices cuando llega la aceptación de parte de ellos.
CONTINUARÁ.
viernes, 3 de julio de 2009
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1 comentario:
Volver a ser niño está genial en tanto se limite a reentablar esa comunicación pura entre mente, emociones y sentimientos.
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