viernes, 3 de julio de 2009

LAS OTRAS: Diálogos de una enojada ansiosa. (Primera Parte)

No hay nada que me desespere más que esperar. Yo me compré una notebook para eso. Para no esperar nada. Sólo hubo que hacerlo un poco al principio, para que vinieran a ponerme el cable. Pero pronto ya no me bastó con eso.

Y después, buscaba lugares con wi fi, que a primera impresión, parecía comida china. Con esto de la globalización, uno tiene que cumplir cada vez más requisitos para conseguir un buen puesto.

Primero, fue el inglés. Cuando yo era chica, el inglés se enseñaba en algunos colegios selectos, como segundo idioma. Después se sumaron los estatales y últimos los católicos. Que pertenecen a otro selecto grupo (creen ellos) que les cuesta un poco más que al resto, aceptar la realidad tal cual es, en todo sentido.

Cuando ya el idioma abarcó todos los colegios primarios… vino el segundo. Como siempre sucede en la vida.

El segundo, el francés, cayó de la mano de la familia monegasca y sus ruidos sentimentales. Los tanos no tardaron en sumarse, prestos siempre a estar donde hay joda y buenas minas como acá. Y si de joda hablamos, el portugués no podía estar ausente. Y ahora toooodo el mundo a aprender a hablar como garotos y moviendo las caderas al ritmo del samba en arenas brasucas. Chiquitas y superpobladas como vereda del Once pero más limpias y lindas: Canasvieiras.

Y después, ya se fueron a la mierda con el chino. Primero se coparon con las boludeces de todo por dos pesos, las cámaras de fotos, los supermercados y el I Ching. Y ahora importan el idioma también. No les queda más nada por traer de China. Ah, si, la soja. Y para variar, conflictos con el poder también. Falta que nos gobierne un buda y estamos todos.

El alemán siempre estuvo, pero desde la segunda guerra, quien sabe el idioma, se sabe también discriminado.

Discriminar, no es una mala palabra. Es natural en el ser humano. Todos discriminamos, y no por eso nos convertimos en hijos de puta. Nos gusta más el rojo que al azul. O al revés. Y que tiene el rojo que no tenga el azul?? Nada en particular. Solo que nos gusta más el rojo. Y si somos contradictorios nos gustaría más el azul pero nos quedaríamos con el rojo. Porque es más cómodo, por ejemplo.

Mucha gente prefiere la comodidad de la obligación, a la libertad de los gustos. Incluso, a veces, parecería que es pecado darse los gustos.

Y uno se ve en la obligación de decirlo en voz alta: ME VOY A DAR UN GUSTO!. Anunciándolo a todos los presentes como para disculparse de entrada.

GUSTO CULPOSO (da explicaciones de por qué se va a dar un gusto): Y si, con la flaca lo merecemos, trabajamos 9 horas cada uno todos los días… nos teníamos que dar un gusto.

NOS TENÍAMOS QUE DAR UN GUSTOOOOOOO, DICEN!!!

Me hacen enojar, me hacen enojar (dice, meneando la cabeza LA ENOJADA que no puede con su genio). NO TENÍAS QUE DARTE UN GUSTO!!! QUERÍAS DARTE UN GUSTO Y ESTA BIEEEEEEEEEEEEEENNNNNNNNNNNNNNNN! SI QUERÍAS DARTE UN GUSTO DATELÓ Y ESTÁ BIENNNNNNN. No tenés que dar excusas por eso.

CONTINUARÁ.

1 comentario:

Mauricio dijo...

Darse los gustos, que también es decir hacerse unos mimos, está entre los irrenunciables derechos del individuo.
He dicho!
Póngale el lacre.