miércoles, 22 de julio de 2009
Las Hechiceras de los jueves
Confieso que, fiel a la cultura misógina que transité años atrás, las reuniones femeninas no me resultaban particularmente atractivas hasta que las conocí a ellas.
Tenía ciertos prejuicios al respecto, ya que, pensaba yo, invariablemente los temas a tratar eran: chusmeríos de ausentes, quejas de los hombres de turno, de los niños, dietas y moda. Reconozco también, que allá por mis veintitantos, y habiendo conocido a mi cuñada de entonces, no me parecía para nada desacertado el término de “brujas”.
Así que, cuando Nina nos propuso a Flavia y a mi reunirnos con sus amigas, no llevaba expectativas en los bolsillos. De vez en cuando la vida, diría Serrat.
Llegamos a la casa de Pao, y mientras transitábamos el largo pasillo hasta el fondo, mi humor mejoraba notablemente y sin motivo aparente. Hay lugares que me producen sensaciones que no pasan por la razón. Hay climas, que nada tienen que ver con la meteorología, que abrigan de entrada. El hogar de Pao y Lore, es uno de ellos.
Pao es una musa de aires marinos. Y produce los mismos efectos. En eso debía estar pensando el morocho que se le acercó aquella noche en Buzios, quien seducido por su belleza y embriagado por el alcohol, creyó ver a Iemanjá, la diosa del mar, en persona. Lástima que no llegó a enterarse que años después, ella usaría ese nombre para su empresa de catering (http://www.iemanjacatering.com.ar)
Decir que cocina como los dioses, aún no le haría justicia. Porque ella es mucho más que su buena mano para los placeres culinarios. Alguna vez le llamé terrorista de los sentidos, pero me bocharon el término por sus connotaciones violentas. Claro está que esa no fue mi intención, pero miren si no: bella a la vista, de palabras más dulces que sus postres, abrazos que calman dolores y humores, aromas que despiertan estómagos dormidos y platos que invitan a abandonar la dieta sin culpas ni resquemores. Una musa, de todos los sentidos.
Lore, su hermana, es la benjamina del grupo. Verla me hizo acordar a Flavia en sus veinte. Tiene la misma cabellera larga, rulienta y rebelde y esa actitud “del mundo del mundo es mío” bordada en su sonrisa de niña adulta. Quién sino ella pudo convencerme este verano de pisar una pista de baile, luego de un largo día de playa con cena afuera incluida y mis pocas ganas de ruido electrónico a cuestas. Sin duda, su alegría manifiesta, le abrirá muchas puertas reacias al resto.
La reunión comenzó con Leo sentada en una silla en el patio y hablando de temas cotidianos. Su mirada desnuda verdades aunque uno no quiera. No lo dice, pero estoy convencida que ella ve pensamientos ajenos con esos ojos profundos y misteriosos. Ve otras cosas también que los demás no.
El encanto de Leo pasa por contar historias. Su voz grave, segura y pausada, carga el ambiente de una mística especial que silencia al resto. El único motivo para dejar de comer y pasar a la sobremesa, lo genera ella. Ansiamos ese momento con la misma urgencia que un niño su cumpleaños. Maneja pausas y sentimientos con la misma facilidad que un músico su violín. Sabe cuando dejarnos reir a carcajadas mientras ella llora vivenciando al límite su relato. Nada la intimida ni la corre de su centro.
Ni siquiera los gritos agudos que emite Mariela para expresar su incontenible alegría a modo de risa. A Marie y a mí, nos une la misma imposibilidad de mantener la compostura ante algo gracioso. Hemos caído al suelo, chocamos cabezas de puro torpes nomás, y literalmente, nos hemos retorcido de risa juntas, en cuanto evento de nuestras vidas nos tuvo por participantes coincidentes. Hemos sobresaltado gente, obligado a actores a pausar monólogos y contagiado escépticos ante el tenor y la duración de nuestras carcajadas interminables. Marie tiene su corazón prendado irremediablemente de un solo macho: su perro. Flaco y ágil como pocos. Fiel y cariñoso como ninguno. Dos amigas del alma: Nina, su cuñada y Pao, hermana de la vida. Y un hombrecito rubio y pequeño que derrite sus menudos huesos cada vez que la llama tía: Pablito, el dulce retoño de Fito y Nina.
Si no fuera porque Sandra trabaja en el laboratorio con Nina, hubiera jurado que era una musa hippie y fugada de un cuento infantil. A veces imagino, que después de nuestras reuniones, vuelve volando montada en una alfombra a su casita de chocolates y obleas dulces. Deberían oírla hablar de la magia con que describe bosques, cabañas y lunas de Mar Azul. Y ver sus ojos cuando se pierden en la inmensas playas del sur de MDQ, que este verano tuve el honor de compartir con ella y su familia. Tiene en su sonrisa la inocencia, la alegría y el entusiasmo de Mary Poppins y en sus ganas, las ansias de juego, de un niño al despertar.
Una vez más, he debido arrojar, sin extrañarlos para nada, mis prejuicios a un costado. Mis amigas de los jueves, no son brujas. Son hechiceras. Porque con sus encantos, cautivan a cualquiera, incluso, a las más escépticas. Nuestras reuniones, no se alimentan de chismes ni quejas cotidianas, solo nos concentramos en fantasmas amigables, vidas pasadas y curaciones mágicas. Y en el pan nuestro de cada día.
Las quiero amigas, gracias de corazón y muy feliz día. Un enorme placer en todos los sentidos haberlas conocido.
Cultura Pacata
Mucho se ha dicho sobre la histeria femenina. Obvio que no hay bibliografía de consulta sobre la masculina. Pero ojo, tampoco me interesa encontrarla. Convengamos que a la sociedad no hay ESO QUE PIENSAN que les venga bien. O somos tildadas de histéricas, de chica fácil, o de mina de familia.
Desarmemos cada término por partes.
Histérica: Dícese de la mina que se hace la difícil en la primera cita. O que se va de mambo por el chat y en persona arruga. (Se contradice).
Chica fácil: Dícese de la mina que entrega en la primera cita. Y que se va de mambo por el chat, por teléfono y en persona. (O sea, hace lo que dice).
Mina de familia: Dícese de la mina que se hace difícil en la primera cita. No se va de mambo por el chat, ni en persona, ni nunca (Y son las que después son cornudas porque el marido se fue con una chica fácil).
Mi intención no es juzgar a ninguna de las chicas. Todos los seres humanos a veces hacemos lo que decimos, a veces nos contradecimos y otras somos complicados. Lo que me molesta es que haya un término con desventajas manifiestas para definir a cada uno de esos estados femeninos. Mi experiencia dice que los hombres buscan una puta en la cama, que disimule delante la familia y de vez en cuando se haga la histérica (sino, escuchen la canción de Arjona “Dime que no”)
Nada más. Quería que piensen en eso y saquen sus propias conclusiones.
Buenas noches.
The San Blas Band (III) O será Conoces a Yo Black?
A esa altura, toda la platea sabía la historia de los anillos. Y los que no, se enteraron allí mismo mientras esperaban… pero no a la novia, que ya estaba dentro del auto y dando vueltas manzana. El que faltaba era el cura. Hombre al fin, el muchacho que eligió por esposa a la Iglesia en vez de mujeres, igual, no perdía todas las mañas. Había ido a jugar un picadito, el partido estuvo buenísimo y llegó tarde a la ceremonia.
Yo no estuve allí. Aún no los conocía más que por referencias. Flavia me había contado que tenía que ir al casamiento del mejor amigo de Silvio mientras terminábamos de acomodar cajas y cajas en el nuevo hogar. Pero escuché esta historia tantas veces durante estos años que casi puedo imaginar la escena sin temor a equivocarme.
Finalmente, después de mucho nervio, llegó el momento de bendecir los anillos.
Christian miró hacia abajo cuando el cura futbolero levantó la bandejita al cielo y dijo: “Bendice, oh Dios, estos anillos de noble material como símbolo de unión eterna”. No podía contener la risa. La miró a Adriana quien intentaba infructuosamente mantener la compostura. A parientes y amigos les pasaba lo mismo.
Quienes sí estaban eran Natalia y Leo. Nati es la mejor amiga de Adriana desde el primario. Morocha, de pelo lacio grueso, brilloso, pesado y envidiable. Ojos pícaros, nariz pequeña y siempre una sonrisa amplia. Esa noche estaba emocionada y divertida a la vez. Los equívocos de Christian y Adri, eran cosa habitual, pero esta anécdota era increíble. Leo, hombre atento a los detalles, con pelo casi por los hombros, fotógrafo, cineasta y de implacables opiniones, hubiese matado por estar filmando ese momento.
A ellos los conocí no demasiado tiempo después. A Adriana se le ocurrió festejar su cumpleaños número 26 en un salón en Caseros. Imposible pensar en un cumpleaños en su casa con todo el rosario de familia que tiene Christian. A las cuatro de la mañana, sólo quedábamos en la pista Adriana, Nati, Leo, Silvio, Flavia y yo bailando desaforadamente al ritmo de Santana y su tema Smooth. Christian había elegido tomar una siesta en el patio… tendido en el suelo. No sean mal pensados. Solo estaba cansado.
Los eventos de cualquier tipo pasaron a ser lugares de encuentro esperados por todos. Nati y yo buscamos siempre sentarnos juntas. Nos une la misma acidez y nos divierten sobremanera los comentarios de la otra. Las tías de Adriana nos odian por igual desde el día que nos reimos sonoramente durante más de 15 minutos mientras las mirábamos cantar un tango y tironear sin pudor por sostener el micrófono y ganar protagonismo.
Con Leo, nos hermana la intolerancia a la estupidez humana de cualquier tipo. La intolerancia a la estupidez. La intolerancia, bah!... Si, somos intolerantes… y
que??????
Sabiendo esto de él, y su pasión por la perfección, es que lo contraté para que me haga el video y las fotos del cumple de 15 de Julieta, mi hija más chica. No se en que momento se me ocurrió escribir un guión para hacerle un video a Juli y pasarlo el día de la fiesta. Bueno, si lo sé. Fue 15 días antes del evento. Leo quería literalmente asesinarme cuando le pasé 4 hojas de texto para filmar el fin de semana. Sabiendo lo que vendría, me relajé y le dije a mi hija, que ya había estudiado todo el guión de punta a punta: Juli, cuando venga Leo, seguramente hará muchos cambios a la historia, va a cortar escenas, a estar de mal humor, pero quedate tranquila y hacele caso que seguramente quedará perfecto y mucho mejor que el original. Disfrutémoslo. Con el correr de las horas se le va a pasar.
Así fue. Llegó de mal talante, agarró el guión impreso, empezó a tachar párrafos enteros, y me dijo muy seriamente: “ A ver, esto no es un cine. La gente está en otra cosa, es una fiesta. Tiene que haber poco texto y mucha acción. Va a haber mucho ruido de fondo, así que la mayoría tiene que ser acción. Tenemos solo hoy y mañana.” Esto no vá, esto no vá, esto no vá, esto no vá. Dejó el guión como la cabeza de un colimba.
Demás está decir que tenía razón. Y yo también. Julieta y Michelle, mi hija mayor, acataron todas las órdenes sin chistar y Leo empezó a divertirse. Participamos todos… Silvio, Flavia, Chris, Adri, las chicas y yo. Sin dudas, yo fui la peor. Hubo que filmar mis escenas varias veces.
El video quedó increíblemente genial, gracias a Leo y mis amigos. La fiesta, hermosa y divertida. Pero tuve que rogarle un año y medio y finalmente amenazarlo públicamente para que subiera el video a la web y pudiéramos verlo. Su respuesta, no se hizo esperar (transcribo el mail original que Leo me mandó a principios de ESTE año… Juli ya tiene 16)
De: Leo
Enviado el: lunes, 26 de enero de 2009 11:54 a.m.
Para: Sol; Silvio; Natalia; Flavia; Vanina; Adriana; Christian;
Asunto: URGENTE REIVINDICACION!
Como todos sabrán fui víctima de un chantaje la semana pasada.
Han mancillado mi buen nombre y honor poniendo en duda mi capacidad de respuesta ante el pedido de un cliente.
Pero la verdad es que tuve que ceder porque tenía razón…
…es así que redoblé la apuesta y no conforme con “poner-los-videitos-online” lleve todo un paso más allá:
http://videosdejulieta.blogspot.com
Solo espero la reivindicación correspondiente y que la contraparte cumpla con lo suyo.
Ha sido Justicia!!!!
Nina entró en nuestras vidas de la mano de Fito. Y conquistó nuestro corazón un fin de semana en Mar del Plata, con su hermosa panza de cuatro meses. Nina tiene un cuerpo literalmente perfecto. Delgada, castaña, ojos gris verdoso, músculos apenas marcados, siempre bronceada, lindas caderas, escasa cintura y delantera para alquilar balcones. Es dulce, sensible, cariñosa, buena amiga, mejor madre y cocina bien. Tiene paciencia y dedicación para lo que los demás no. Es sana en su dieta y estricta con el gimnasio. Hizo una carrera terciaria cuando ya era madre. Amante de los Beatles, Calamaro, Woody Allen y su hijo Pablito por sobre todo. Por Nina empezamos a reunirnos los jueves con unas mujeres maravillosas: Sandra, Paola, Lorena, Mariela (hermana de Fito) y Leo de quienes hablaré en detalle en otro post.
Ella está siempre dispuesta a dar una mano en lo que haga falta: hacer una torta, organizar una cena, agasajar amigos, dar una inyección, tomar sol en su terraza o cebar unos mates. Su frase es siempre: Dejá Sol, yo lo hago, yo te ayudo, no te preocupes. Nina está siempre ahí. Atenta a las necesidades de otros.
Tengo miles de historias para contar de mis amigos. Noches eternas, risas sonoras, asados, cumpleaños, fines de año, vacaciones, escapadas a la costa, cadenas interminables de mails por un mismo evento que derivan en cualquier cosa, chistes y más risas.
Mañana sábado a la noche vienen todos a casa. Excepto Claudio, que aún le parece muy pronto para continuar nuestra amistad como si nada. La Banda de San Blas, aunque falte alguno, está siempre unida y para siempre. Eso lo sé. Nos une la risa, la tolerancia y el respeto por cada uno. Sabemos que Nati y Leo, de vez en cuando, pegan un faltazo sin decir por qué. Tampoco nadie pregunta, después. Chris y Adri siempre se pelean por algo… pero terminan riéndose y haciéndonos reir a todos. Fito y Nina van y vienen, van y vienen, y van y vienen otra vez con cadencia casi musical. Silvio y Flavia son casi el modelo de todos. Tienen amigos y actividades que requieren de una agenda minuciosa y apretada. Y a Claudio y a mi nos distingue la amistad que se forjó en nuestra adolescencia, y que aún, separación de por medio, hace que nos sigamos queriendo.
Mañana sábado se que la voy a pasar bien. Sé que voy a reirme con ganas. Se que Chris en algún momento golpeará la mesa y dirá “Viva Perón y la put…” y nos hará tentar a todos; que Silvio improvisará un chiste, que Fito será el portavoz de un momento emotivo y gracioso; que Flavia me dará más de un abrazo; que con Nati nos buscaremos la mirada en algún momento para reírnos de lo mismo; que Adri hará un comentario que nadie se espera, que Vani nos va a deleitar a todos con su torta de ricota, que Michelle y Juli comerán en cinco minutos para irse rápido y que Claudio, en algún momento pensará en nosotros y nosotros en él. Se también, que en algún momento, Pablito, Juan Cruz y Pedro van a romper los huevos. Se también, que nos vamos a reir con su imaginación inocente y creativa. Y que Bautista, con cara de yo no fui, hará de las suyas.
Y sé que esas horas, olvidaré todo el resto y me sentiré orgullosa de pertenecer a esta Banda.
Los amo con todo mi corazón, amigos. Feliz día!
FIN
Lector intrigado: Cómo fin!
Sol: Perdón?
Lector intrigado: Y que pasó con los anillos?
Sol: Que anillos?
Lector intrigado: …!!!
Ahhhh si. Los anillos. Me olvidé de presentarles a Black, el perro atorrante y azabache de Chris. Al regresar de su luna de miel, Christian y Adriana fueron a visitar a los hermanos de Chris en Caseros, su ex casa de soltero. Volvieron bronceados, sonrientes y… con anillos de plástico.
Black estaba visiblemente feliz de volver a ver a su dueño. Por un tiempo, pensó que se iba para siempre. Tal vez, por eso hizo lo que hizo. Y ahora se sentía algo culpable. Así que ni bien Christian pasó la puerta y lo saludó calurosamente; pensó un instante, bajó los ojos como su dueño cuando se siente avergonzado, corrió raudo al fondo y volvió con el hocico sucio de barro y una pequeña cajita azul en su boca.
Pequeño homenaje a Black, un perro que sabe pedir perdón. Y a Chris, un dueño que sabe perdonar
The San Blas Band (II) Conoces a Black Jack?
Claudio ya era un hombre de fierros y un amigo del mismo noble material. En esas fechas mechaba su vida marital con una lencería heredada de sus padres y sus publicaciones en Weekend. Claudio tiene el don de hablar de autos como si lo hiciera de mujeres que ama. Su gracia, su pluma Times New Roman, su pasión por Cortázar y la belleza de los paisajes que lo vieron pasar raudo, son su carta de presentación. Cosecha más amigos que soja en todo el país. Nunca oí a nadie hablar mal de él. Tiene un solo defecto: es muy exigente, pero solo con él mismo. Tiene una gran virtud: cualquiera que lo conoce lo ama. Incluso yo, aún separados, se que una parte de mi corazón, será suya por el resto de mi vida (segunda parte cursi aparte de Flavia).
El me acompañó, me hizo reir, me instó a crecer y a mejorar desde mis 15 años hasta hoy. Estuvo conmigo en lo fácil y complicado. Y se sacó muy bien 10. Se positivamente, que de acá a que me llame la parca, contaré con él cuando lo necesite. Y él sabe también, que puede contar conmigo.
Después del mítico día en el bar con Flavia, nos hicimos amigas. El jueves siguiente propuse seguir “la clase” en mi departamento del piso 15 de la calle Quito. Las cinco de la mañana nos sorprendió a 20 almas (el cuerpo ya estaba exhausto), cantando el himno nacional a viva voz y emocionados… hasta que el “extranjero” vecino del piso 14 nos vino a golpear la puerta con cara de “exijo dormir ahora mismo”.
Con Silvio no empezamos del todo bien. Su primer comentario a Flavia sobre mí fue: “no me gusta demasiado que te juntes con ESA… “Mini” (mini es el apodo que se dicen mutuamente)”. ESA era yo. El día que se lo dijo, en un cantobar, lucía yo una sobria camisa de volados blanca, anudada a la altura del busto, una mini de cuero negra de no más de 30 cm, medias de red al tono y unas botas con solo diez centímetros de taco y que recatadamente me llegaban a la rodilla. Mal pensados hubo siempre .
Lo cierto es que, lejos de una actitud erótica, estaba yo encantada, por primera vez en mi vida, de mis tetas y mis piernas. Ambas, por delgadez, me habían dado mucha vergüenza en mi adolescencia. La maternidad me había sentado bien en el busto y la moda de flacas extremas me reconciliaron con mis piernas de Olivia y las mostraba orgullosa.
Yo en cambio, lo quise desde el primer momento. Silvio es gracioso, aún cuando está enojado. Y sus enojos son de lo más pacíficos. Se vuelve implacable cuando algo le sale mal. Incluso jugando. El 99% del tiempo es un optimista nato. Para él, las cosas pueden salir de una sola manera: Excelente. Pero trabaja mucho y muy duro para eso. El azar y él, no se llevan del todo bien. Él siempre gana, y pone todo para que eso suceda. Silvio es mi actor favorito sin dudas. Al igual que el Gordo Casero y sin nada que envidiarle. Estilos muy distintos que me hacen reir sobremanera. Tiene esa picardía de pibe de barrio con la cual, todos se sienten identificados. Su obra, “yo me quiero matar, y ud.?” que estuvo tres años en cartel, me tuvo de feliz espectadora con asistencia perfecta. El fanatismo hizo que fuera ida y vuelta en la misma noche a Pinamar con Claudio, sólo para verlo. Como ya terminó, ahora la veo en DVD… y me sigo riendo. Flavia y Silvio son parte de mi familia. No me imagino la vida sin ellos. Como tampoco me la imagino sin el resto de “La Banda”.
Christian y Silvio se conocen desde la más tierna infancia que los vió crecer en Caseros y peligrosamente cerca de Fuerte Apache. Pero más fuerte es la amistad que los une. Cruzan sus ojos claros e inevitablemente cae un chiste y levantan sonrisas presentes. Viven, ahora, en mismo piso de San Blas y Bermúdez, un poco más lejos del Fuerte, y más indios que nunca. Chris, niño eterno, sensible y ocurrente; es gracioso, lindo y torpe por igual. En cuestiones de actuación, él fue el precursor indiscutido de La Banda. En sus años mozos, cuando aún algunos no habían debutado como corresponde, él ya ostentaba un club de fans. Hemos ido a tocar muchas puertas por encontrar un tape de su paso de playback dancer de Música en Libertad. Él jura ante Dios y los hombres, que Alejandro Romay en persona, le ofrecía servicio de guardaespaldas para cuidarlo de sus fans.
Adri es todo a lo que una mujer del 2000 aspira. Contadora con cuadro de honor incluido, blonda, linda, exitosa en todo lo que emprende (incluso con sus hijos que son bellísimos)… y un extraño y delicioso cóctel de rubias famosas: Susanita de Mafalda, diva como Giménez (30 años atrás y sin Roviralta) y con comentarios dignos de Maitena. Adriana siempre supo, que para que las cosas salgan bien, hay que planearlas con tiempo. Algo simple, que todo el mundo parece saber, pero ninguno de nosotros aplica.
Por eso, en su día de bodas, ella estaba un poco nerviosa, si, es cierto, como todas las novias. Pero segura que todos los detalles habían sido tomados en cuenta. En eso pensaba, para relajarse, mientras la chica de la manicura le terminaba “la francesita” en sus uñas cuidadosamente limadas. Todos menos uno.
Chris, mientras tanto, se terminaba de vestir a los apurones en su hogar de Caseros. Se miró al espejo, de un costado, del otro, se paró derecho y sonrió con ganas para sí mismo. Lindo guacho! Pensó. Dio media vuelta y se encaminó hacia su mesa de luz a agarrar la cajita con los anillos. Se había asegurado, esa mañana, para no olvidarse, de dejarlos en un lugar bien visible: al lado de la billetera y las llaves.
Vió primero la billetera, luego las llaves… billetera y llaves. No había nada más. Un escalofrío le corrió por el cuerpo. Estaba seguro que los había dejado allí. Alguien le había hecho una joda. Tenía que ser eso. Silvio! Pensó. Pero él no había estado allí en todo el día. Abrió el cajón. Nada. Miró el piso. Tampoco.
Listo. La llamaría a Adriana, ella seguro sabía donde estaban. Las mujeres siempre sabían eso. Agarró el celular y sin más, presionó la tecla verde.
La respuesta de Adri, ciertamente, no era la que él esperaba: “Christian, no podés ser tan
pelotudo!!! Si no los encontrás, no me caso.” Y cortó. Eso fue todo.
Ahí empezó a desesperarse un poco. Y con él, todos los que estaban por ahí. No había tiempo de ir a una joyería. Era sábado a la noche. Y estaba en Caseros, que no es precisamente Fifth Avenue, y en las esquinas más que joyerías abundan los vagos tomando cerveza en el cordón. Pero estaba el kiosco. Ese pequeño lugar en el que uno podía encontrar casi cualquier cosa. Un mapa de Argentina que lo salvó de más de un apuro en el cole, los cigarrillos a la una de la mañana, petardos a las doce menos cinco en año nuevo…
Se encaminó hacia allí y con la misma naturalidad que pedía profilácticos a veces, le soltó sin más: Tenés alianzas? El kiosquero, canchero en estas cuestiones, mientras miraba la última escena de una película de Bruce Willis en Duro de Matar 1 en la tele 14 pulgadas en blanco y negro, que tenía a un costado, y sin mirarlo, le dice: “Si, estas, pero son de plástico.” Damelás. Las guardó en su bolsillo y partió hacia la Iglesia.
CONTINUARÁ.
Una banda, según wikipedia (hay algún otro de consulta más popular?) reza:
. Banda: Unión de clanes que dejan de ser nómadas y se convierten en sedentarios.
. Banda: Sinónimo de pandilla.
. Banda: grupo de delincuentes armados.
Sin mentir, las tres acepciones nos cuadran a la perfección. Aunque para calmar ánimos paranoicos, los que van armados son los niños, con toda clase de aparatos intergalácticos, espadas de globos largos, y cornetas de cotillón. Y el adjetivo de delincuentes lo ganaron en buena ley, paradójicamente, si hablamos de transgredir reglas impuestas por los adultos. Pero ellos, fueron los últimos en incorporarse y quienes ahora, se llevan todas las atenciones. A decir verdad, nosotros también tenemos algo de cacos. Tomamos por asalto varias casas, pero munidos de gaseosas y empanadas que con el correr de los años se convirtieron en alcohol y pantagruélicas cenas.
Excepto yo, que ya tenía dos planes femeninos adjudicados por aquella época, a los demás los conocí en pleno jolgorio de juventud. Nos definió la heterogeneidad y nos unió la diversión sin excusas. Estaba pensando en un origen… pero es un poco como la historia del huevo y la gallina. Así, que a falta de integrantes en este momento que opongan objeción (todos tenemos el ego muuuuuy elevado) empezaré por mi.
A Claudio, quien muchos años después se convertiría en mi pareja por diez años, lo conocí en Mar del Plata. Era yo una escuálida popotitos de 15 años, ávida de amistades masculinas, ya que toda mi historia escolar transcurrió entre monjas y proyectos de mujeres. Ese año, en vacaciones, estrenábamos con mi familia un departamento en planta baja frente a la playa. Claudio también era un feliz propietario del segundo piso y con él, muchos otros de por allí que ahora no vienen al caso. Mis padres estaban algo preocupados por mis nuevas amistades, todas masculinas, que sumaban en total unos 14 o 15 integrantes. Y yo, demás está decirlo, estaba más que feliz.
Pero a las doce de la noche, indefectiblemente, me hacían entrar a casa. Pasé un par de días así, hasta que descubrimos, que la ventana de mi cuarto, a continuación de la cocina, daba a un patio que tenía una pequeña ventana a la escalera del edificio. El buen muchacho, en vez de salir por ahí a disfrutar la vida, se quedaba largas horas charlando conmigo a través del precursor Windows de cemento en voz baja hasta bien entrada la madrugada. Claudio fue también quien un día, me desafió a pasear por las playas de la Perla, él con traje y yo con vestido de fiesta, a las cinco de la tarde, y ante las miradas extrañadas de los veraneantes, que no entendían muy bien si habíamos bebido tan temprano o estábamos promediando una fiesta anterior. En esos tiempos, hacer el ridículo era toda una osadía que nos divertía sobremanera.
El caucho quemado de las cubiertas del Falcon Sprint de mi papá, también lo tienen por responsable, ya que fue él quien me enseñó a hacerlas chillar lo suficientemente lejos del oído paterno. Con él, me enamoré del teatro por primera vez, con Les Luthiers por testigo y de regalo de cumpleaños. Vimos lunas y amaneceres por igual en largas tertulias escabrosas, y ante la presencia espantada del monumento a Alfonsina Storni que quería huir a toda costa. Se suicidó muchas veces en esos veranos.
La amistad continuó luego por Buenos Aires, donde le presenté a todo el rosario de proyecto de monjas dispuestas a abandonar hábitos y mañas; y él, a los industriales suyos, ávidos de cambiar artefactos de hojalata por “máquinas” de carne y hueso. Fito (Marcelo Vaccaro, reconocido bajista en la actualidad y pura promesa de hombre allá por el ’84) apareció una noche, en un cumpleaños de Gaby. Ambos, llegaron munidos de un cassette de Sandra Mihanovich a modo de obsequio. Algunos recordarán que la famosa tapa de ese disco la mostraba con los rulos húmedos en blanco y negro. Llovía esa noche, y el cassette estaba literalmente empapado. Deslindaron responsabilidades diciendo que Sandra insistió en bañarse antes de partir de Versalles a Lanús. Que intentaron convencerla que no, pero que siempre las mujeres se salen con la suya. Cosecharon carcajadas por doquier, ya de entrada.
Fito es capaz, aún hoy, de recitar de memoria teléfonos de mis compañeras que ni yo recuerdo, la formación del River del `75 y la lista de sus compañeros de secundario sin respirar y de un saque. Es la contracara del personaje de la película Memento. En su juventud, lucía una cabellera como Michael Jackson en sus comienzos. Canas y años después, a un músico más vernáculo: Piero. Hoy, ya con el pelo corto y color natural, el naranja que ostentó alguna vez a modo de fósforo, lo luce en zapatillas y remeras. Y en el corazón, la misma alegría.
CONTINUARÁ.
domingo, 12 de julio de 2009
De Cachorras a Perras Maduras (Dedicado a Flavia, mi mejor amiga)
me miraba la cosita
y decía así:
para que carajo,
tengo yo este tajo aquí.
Ahora que soy grandecita,
yo me miro la cosita
y digo así:
viva la poronga, que alguien me la ponga, aquí.
Está bien. Convengamos que es un lenguaje soez (para los legos: “Lenguaje soez en latín es el vocabulario grosero, impúdico u obsceno del idioma latín y su utilización”…”El vocabulario obsceno del latín vulgar consistía principalmente en palabras sexuales y escatológicas” Fuente: Wikipedia.)
Convengamos también, que ninguna dama en sus cabales cantaría semejante “tema” en presencia masculina. A lo sumo, en reunión femenina, ya pasadas de copas y con edad suficiente para no sonrojarse a no ser por el efecto etílico, alguna se atrevería a recitarlo en voz baja y entre risas generales.
Conocí a Flavia haciendo teatro en el Rojas allá por el 96. Llegué yo allí luego de pelearme sistemáticamente con todas las mujeres que me rodeaban desde la más tierna infancia. Siempre tuve facilidad para las amistades masculinas y alergia recurrente a las de mi género. No era un problema mío, creía yo por ese entonces; sino que ellas, eran demasiado sensibles a mi crueldad manifiesta e inocente. Yo lo llamaba “sinceridad sin vueltas”. Así que lejos de decir “me parece que te queda mejor el vestido negro”, ante un atuendo por demás ridículo de mis congéneres, les largaba sin más “Que pasa? Llegó el carnaval negrita?”.
Cansada de salir siempre con amigos varones, que invariablemente proponían continuar nuestra amistad en la cama, me anoté en teatro. En busca inequívoca de mentes más abiertas y menos sensibles a las críticas.
La primera clase, en ronda de alumnos, la profe nos hizo presentarnos uno a uno. La consigna era, por demás predecible: decir el nombre y motivo por el cual estábamos allí. Cuando llegó mi turno, largué sin más filtro que conciencia: “yo me llamo Sol, y estoy acá porque me llevo mal con las mujeres”, con lo cual, me gané el odio instantáneo de todas las féminas presentes. O casi. Igual, nada de eso hizo decaer mi entusiasmo por el nuevo proyecto que tenía de ganar nuevamente amistades femeninas (las masculinas, las daba por hechas).
Finalizada la segunda clase, alguien propuso que nos fuéramos todos a un bar cercano de la calle Corrientes. De esos que abundaban en esa época, iluminados con tubos de luz blanca, mozos entrados en años, y un aroma característico, mezcla de cebolla, ajo y aceite barato en el ambiente. Juntamos mesas con voluntades y nos propusimos a degustar una pizza cada cuatro con gaseosa entre dos (los actores, desde el vamos, siempre tuvieron más aspiraciones que dinero).
En mitad de la amena reunión, dos chicas del grupo, se ponen de pie, suben a las sillas y siguen su paso por la mesa. Angie, quién más tarde se casaría con uno de mis mejores amigos (él sigue siendo mi amigo, pero ella, aún hoy me ahorcaría de buen grado) y Flavia; pequeña imagen de rulos negros y voz seductora e infantil; se miran a los ojos en pícaro entendimiento y comienzan a cantar al unísono la canción que describo al comienzo. Con más inocencia que erotismo, y ante el estupor del público presente en el bar, ambas recitaron de principio a fin tremenda verdad tabú a viva voz.
No recuerdo nada más. No atiné tampoco, a mirar a nadie. Esa menuda voz de ángel, su frondosa y rulienta cabellera que pesaba más que todos sus huesos en conjunto, captaron toda mi atención.
Supe ahí mismo que había encontrado a mi hermana del alma. Sé que suena cursi, pero así fue.
Flavia contaba entonces con 21 calendarios en el haber de la vida, y yo 28. Ella aún no había abandonado la casa materna y yo ya estaba divorciada y con dos hijas. Ella, ya hacía un año que había encontrado al amor de su vida, Silvio, quien hoy es su marido; y yo estaba a punto de convencer de lo contrario a Claudio, único amigo que durante 15 años ponderó nuestra amistad sobre el sexo y único también, gran amor de mi vida hasta hace un año y medio. Pero esa, es otra linda historia que algún día contaré.
Volvamos a mi amiga. Estuve allí cuando decidió irse a vivir con Silvio. Estuve también, cuando compraron su depto de San Blas. Ella fue la responsable de que abandonara Caballito por mi actual casa en San Blas a dos cuadras de la de ella. Y ella también es el motivo por el cual, ahora que tengo que venderla, prefiero cercanía a comodidad. Fui su madrina de casamiento en la ceremonia más hermosa, auténtica y emotiva que asistí en todos estos años. La fiesta, fue una fiesta con todas sus vocales y consonantes. Digna de un capítulo aparte y digna también, de un guión de comedia romántica que algún día escribiré.
De ella aprendí que franqueza implica también cuidado; que no es necesario enojarse para decir lo que uno piensa; que ser mujer no es un castigo sino una virtud, que sensibilidad no es sinónimo de debilidad sino de amor por el otro; y por sobre todo, que la amistad entre mujeres puede ser auténtica, contra todos mis pronósticos y mochila empírica al respecto.
Hoy, como tantas otras tardes, estuve en su casa compartiendo mates, anécdotas de la semana y trivialidades cotidianas. Y hoy también, como nunca había sucedido antes, me eligió para la titánica tarea de teñir su cabellera mientras yo mechaba mis aventuras masculinas con mi actual búsqueda de vivienda. En eso estábamos cuando arribamos a la conclusión (siempre finalizamos las charlas con una conclusión positiva sobre cualquier asunto abordado) que estamos rodeadas de gente linda, desprejuiciada y siempre dispuesta a pasarla bien. Una red humana de sólidas bases y estructuras flexibles a prueba de terremotos. Una red que se extiende, se afianza y siempre dispuesta a sumar nuevos integrantes. Nunca lo hicimos, pero si sumáramos amigos, compañeros de trabajo, de teatro y de la vida que compartimos, pasaríamos largamente los 100.
Nos dimos cuenta de cuánto habíamos crecido, madurado y compartido a lo largo de estos años. Yo le dije:
Sol: Por lo menos, los que estamos acá en esta casa, crecimos y cambiamos para mejor (en referencia a Silvio, ella y yo)
Flavia: (mirando a Uma, su hija perruna) Hasta ella, mirá, se convirtió de cachorra en perra adolescente en menos de un año.
Nos miramos. Y como siempre sucede en estos casos, empezamos a reírnos a carcajadas sabiendo desde el vamos el remate que vendría: Y nosotras, de cachorras a perras maduras (y más duras, porque empezamos yoga).
Dedicado a mi amiga Flavia, con quien mantenemos el récord absoluto de momentos memorables e intrascendentes compartidos. Y a Silvio, mi amigo-actor favorito que me hace reir hasta que duele. Y a Uma, única perra de quien acepto de buen grado besos obscenos en mis mejillas.
Una para todas y todas en la suya
Escribí las anteriores entradas al blog, el sábado a la noche. Dejé que cada una se explayara a gusto… y no me animé luego a leer lo que me dictaron. Y mucho menos a corregirlas. Me da un poco de vergüenza (no puedo decir ajena, lamentablemente), a veces, escucharlas.
No puedo echarlas, ni pedirles que se callen. Es inútil, ya lo intenté. Viven en mi. Dicen que la verdadera felicidad radica en la aceptación de aquello que no podemos cambiar. En eso estoy. Así que este espacio, es de ellas. Y mío, cuando las encuentro entretenidas en otra cosa.
Escribir este blog, fue una decisión salomónica. Cada una podría decir lo que quisiera, sin críticas, sin censura y sin condiciones. Y quién soy yo? Perdón, no me presenté. Yo soy la sabia. Una conciencia unificada que reinará en un futuro, espero que no muy lejano.
Mi misión, es acompañar sin juzgar. Y ser la portavoz de este cuerpo. Ellas, necesitan expresarse, y yo también. Como en toda relación con otros, el secreto está en consensuar. Hace mucho tiempo, me di cuenta que si intentaba tomar el mando por la fuerza, solo lograba exacerbar más los delicados ánimos de cada una. Me sentía una líder natural… pero sin tropa y sin fans.
Intenté explicarle a la enojada, que lejos de solucionar las cosas, su conducta empeoraba la situación. Que su carácter molestaba a las personas y que luego de sus intervenciones, el problema, tomada dimensiones desconocidas. No hubo caso. Mis comentarios, como era de esperar, solo lograban que nuestro corazón se transformara en un volcán en erupción, y la sangre corriera furiosa como lava por las venas.
Con la ansiosa, tampoco me fue bien. Siempre está haciendo algo y pensando en después. Tiene los tiempos cambiados. Vive el presente en futuro imperfecto y el pasado en pretérito renegado. Oye una sola voz que le dice “tengo que, tengo que, tengo que, puedo todo y ya”. No hay dudas que tiene empuje, pero no sabe bien a dónde la lleva.
La divertida, es un caso particular… Resulta sumamente alegre estar a su lado. El tema es cuando se cruza con alguien que está pasando un momento complicado. Detesta los bajones y prueba por todos los medios levantar ánimos caídos como si fueran hojas de otoño. Obvio que no lo consigue. Traté de explicarle, que a veces, hay que ponerse en sintonía con el otro. Pero la única sintonía que escucha es FM 95.1.
Pero como soy sabia, o por lo menos, hacia allí me encamino, tuve que cambiar yo y aceptarlas. Dice un proverbio zen: “Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra”. Así que en eso estoy. Eso si, como soy muy literal en mis concepciones, tuve que ir a un Nike Woman y comprarme unas Nike Zoom Vomero+4, para todo terreno… del duro asfalto hasta senderos perdidos.
viernes, 3 de julio de 2009
LAS OTRAS: Final inesperadamente divertido de un enojo capital. (Ultima Parte)
Entran al bar y ven en una mesa a La divertida que las saluda calurosamente con la mano en alto y una amplia sonrisa.
La divertida: Chicas, chicas aquí!!!! Las estaba esperando!!!!
La ansiosa: Hace mucho que llegaste? No sabíamos que estabas acá, sino, veníamos antes! Uf, no paré de correr en todo el día.
La enojada: Si, nos retrasó una copia trucha de Chopra que da cátedra de cómo vivir. Que frío que hace en este lugar!!! (mira hacia atrás) Cerrá la puerta, loco, o vivís en carpa?
La divertida: (sonriendo) Ahhhh, veo que han tenido un bonito día de mierda!!! Ja ja ja.
Las tres se ríen con ganas.
La divertida: Ya para terminar bien este día de mierda… Porque vamos a terminar bien.
Las dos la miran entre intrigadas e incrédulas.
La divertida (soltando una carcajada): Bien en pedo vamos a terminar!!!! Mozo!!! Arranquemos con el champagne!!!
Las tres festejan en chiste y se ríen con ganas.
La enojada (al mozo): Traelo bien frío!!! En un balde con hielo!!!
Cómplice, a sus amigas y por lo bajo:
La enojada: Porque estos inútiles seguro que recién cargaron la heladera.
La ansiosa (al mozo): Pero rápido que tengo sed!!!!
A sus amigas, con algo de culpa.
La ansiosa: No le avisamos a la otra!!!! La llamo?
La enojada: A quién? A María Magdalena?
La divertida: Uf, si dale, llamá a la depresiva esa. Pero seguro que dice que no.
La ansiosa disca el número rápidamente y sin prestarles atención.
La ansiosa: Hola!!! Como tardás en contestar, che!!!! Estamos acá, todas juntas en el bar a dos cuadras de casa. Venís?
La enojada guarda silencio expectante. La divertida ya se entretuvo mirando como el mozo intenta infructuosamente meter seis platos en una bandeja.
La ansiosa (mientras cierra el celular decepcionada y se pone de pie para ir al baño): Dice que no viene, no tiene ganas, no se siente bien.
La enojada: Siempre lo mismo, viejo!!!
La ansiosa: Yo no se que espera para hacer terapia. No se da cuenta?
La divertida: Dejala, ella es feliz así. Sufriendo. (al mozo) Mozo!! A mi tráigame sushi. Uds que quieren?
La enojada: A esta hora me viene bien cualquier cosa.
La ansiosa: Uhhh!!! Dijiste sushi y me acordé que acá no hay wi fi!!! Y que me olvidé la notebook!!! Donde la dejé??
La divertida: Y para que la querés si no hay wi fi?
La ansiosa: Porque me compré un modem 3G!!!
La enojada (reacciona tarde porque está cansada) Dale vos con el sushi, en cualquier momento tenemos que aprender japonés y ahí te quiero ver. Por lo pronto, a los autos en cualquier momento los tenemos apilados en la Gral Paz y no tendremos un Hiroshima, pero nos agarramos una gripe de la concha de la lora.
La divertida: Ya lo decía Oaky “Cosha golda”!!!!
La ansiosa: Pero eso es en chino!!! En japonés sería “ni saca ni pone”
La enojada: Si, y en criollo, gorda, corta, ancha o larga siempre el mundo nos garcha por algún lado y nos la ponen hasta el fondo.
Las tres ríen a carcajadas.
La enojada (secándose las lágrimas): Miren que son boludas, eh? Me hacen reír y no quiero!
Afuera, hace frío y la noche regala en recompensa una hermosa y límpida luna llena. Adentro, comenzó a salir el sol.
LAS OTRAS: Conclusiones apresuradas de una enojada ansiosa. (Tercera Parte)
La ansiosa: SINTESIS DIJISTE!!!! No te vayas a la mierda!!!!
La enojada: Si, ya entendí. Dejame TERMINAR!!!
La ansiosa: Es que si no te lo recuerdo no terminás nunca!!!!
La enojada: Me estás diciendo que soy un plomo????
La ansiosa: Siiiiiiiii, sos un plomo, alguien te lo tiene que decir!!!! No tengo tanto tiempo como para leerte solo a vos, pedazo de egoísta!!!! Redondeá de una vez!!!!
La enojada: Si no estuviera discutiendo esta pelotudez con vos ya habría terminado, eyaculadora precoz!!!!!
La ansiosa: Si, conchuda intelectual, siiiiiiiiiiiii, no tengo tiempo y soy eyaculadora precoz!!!! Acabá de una vez que yo ya me fuiiiiiii!!!!!
La enojada: (Se retira del escenario, y por supuesto, muy enojada)
Toma su lugar la catedrática, siempre presta a dar su impecable opinión.
Para cerrar, querido público, solo voy a decir lo siguiente: Acéptense como son, he ahí el secreto de la felicidad.
Al oír esto, la enojada vuelve sobre sus pies. Y grita:
La enojada: Pero cállate pelotuda, quién carajo te crees que sos. Yo solo estaba explicando por que nos gusta sufrir.
La ansiosa: Pero pueden dejar de discutir?? Así no voy a llegar!!!!
La enojada: Tenés razón, pero ella es la que me interrumpió ahora!!!
La ansiosa: Vámonos a la mierda, dejala sola. No la banco más a esta frígida Zen que siempre sintetiza lo que tenemos que hacer en una frase.
La enojada: Siiiii, tiene razón!!! Ya sabemos que tenemos que aceptarnos. Lo que no sabemos es COMO HACERLO!
Llegan a la puerta. Salen. Se miran.
La ansiosa: Que tenés que hacer ahora, porque donde iba ya no llego.
La enojada: Vamos a comer algo. Tanta boludez me dio hambre.
La ansiosa: Pero vamos enfrente así no muevo el auto. Estacionar es un quilombo y no quiero perder más tiempo.
La enojada: Para llegar a dónde? Pero mirá que vos también sos pelotuda, eh!
Comenta mientras se alejan del brazo para cruzar enfrente.
CONTINUARÁ
LAS OTRAS: Diálogos de una enojada ansiosa (Segunda Parte)
La Enojada: Estamos muy mal. Nunca entendimos nada. Nos enseñaron al revés. Uno tiene que disfrutar al final, no al principio. Y nosotros disfrutamos los principios. Uno siempre quiere volver a ser niño… para qué???? Para disfrutar sin problemas, contestan los pelotudos que hay en todos lados.
Y quien les dijo que los niños disfrutan sin problemas??? Lo que pasa que comparados con los que tiene ahora le parecen una pavada, como todos los otros boludos que también se olvidan de su pasado. Incluso de los problemas, que por eso vuelven a repetirlos. Porque son pelotudos… y algunos se rescatan pero otros lo son toda su vida.
Pero los niños tienen problemas, tienen muchos problemas. Un problema de un niño de dos años, grave, para él, sería el siguiente:
NIÑO DE DOS AÑOS: Se levanta por la mañana con la firme intención de agarrar bien el vaso de agua y que no se le caiga. Y si puede, y es un niño exigente consigo mismo, como los de hoy, le agrega complejidad: caminar con el vaso en la mano. También puede haber niños vagos… que al igual que los pelotudos pueden o no reformarse con el tiempo.
Son los que, de adultos, acuden al psicólogo, los pelotudos y los vagos, todos por el mismo problema, en síntesis: no saben que mierda hacer con su vida.
Y pueden suceder tres cosas, como casi siempre en la vida también. A un costado, al otro o al frente. Y las variantes surgen de la combinación de dos de ellas en mayor o menor medida.
O te vas muy para un costado y te suicidás, o le cagás la vida al resto, las dos variantes del lado depresivo.
O te asumís como sos, en el medio, o cambiás y mejorás, del lado de los optimistas… comprendido por ex vagos y/o pelotudos, pero que siempre tuvieron un rasgo optimista. Hay pocos casos de depresivos que se convirtieran en dicharacheros, a no ser por las drogas. Pero, tal vez, podrían llegar a asumirse como son: depresivos, o más bien, asumir que prefieren la comodidad al placer. Y conformarse con eso, que no está mal. Es una elección. Como el rojo y el azul. Y entonces dejarían de ser depresivos para conformarse con ser personas felices. Porque la felicidad está en asumir lo que uno es. Nada más que eso. Y nada menos.
Los optimistas irán por más, y seguramente lo consigan. No conozco ningún optimista depresivo. Y no me salga con eso de los maníacos depresivos. Son maníacos, no optimistas a ultranza. No se los llama “optimistas depresivos” sino “maníacos depresivos”. La diferencia es que la mayoría del tiempo la pasan mal. Aún cuando creen que la están pasando bien. Los optimistas no. Los optimistas van por la vida como si tal cosa. Al igual que los felices que se asumen como son.
Cuando uno piensa que le va a ir mal, muy mal, seguramente hacia allí se encamine. Así piensan los depresivos… todo mal. Pensar mal no es ser malo. Pensar mal es pensar que a uno le va a ir mal en todo lo que emprenda… porque las cosas siempre le salieron mal. Y ve solo eso. De alguna manera, elige ver solo eso. Aunque al principio no note que lo elige.
Todo se centra en administrar duelos. Duelos de lo que nunca llegarán a ser, y duelos de lo que fueron alguna vez, o lo que perdieron.
Todos pasamos alguna vez por ese momento de transitar duelos. Y todos, en mayor o menor medida, consiste en transitar las etapas una a una. En saber administrar el tiempo necesario de cada una. El tiempo que lleve no importa, pero resulta indispensable pasar de una a la otra sin estancarse. Se puede descansar, pero no estancarse. Todo lo que se estanca se pudre. Es así, es natural. Pero lo prodrido da mal olor y también es natural. Pero convengamos que es, también, por lo menos desagradable. No malo, pero si desagradable. Y por desagradable se convierte en malo.
Las etapas de un duelo son las siguientes: negación, enojo, tristeza y aceptación. Lo que enferma es quedarse a vivir en una de esas tres primeras etapas. No es la más difícil la aceptación. Es simplemente una más. En todo caso es la que más tememos. Aceptamos de buen grado la negación, el enojo y la tristeza, porque todas implican estar mal. Pero tenemos miedo al futuro, que sería cambiar de estado y estar bien. Y lo que debería ser una etapa más, se convierte en obligación: TENEMOS QUE ESTAR BIEN. Por eso hacemos dietas, vamos al gimnasio, tomamos pastillas con energizantes naturales, eso sí, y nos ponemos cremas. Pero estar bien es una etapa como las otras. Y se siente adentro, no afuera.
Uno puede ir de afuera hacia dentro como hacen las recién separadas que van a la peluquería, se compran ropa y cambian el auto o el celular. Pero siempre parte de una decisión interna.
Las mujeres simplemente lo hacemos más rápido por pura práctica: nacimos acostumbradas a sufrir. Sufrimos cuando nacemos, cuando manchamos el pantalón con sangre, cuando cogemos la primera vez, cuando parimos, cuando nos depilamos, arriba los tacos y tratando de entrar en talles imposibles.
Por eso, cuando nos toca separarnos, pasamos rápido a la aceptación y el disfrute. Porque sufrimos tanto que ya estamos preparadas para disfrutar el resto de nuestras vidas en etapa de aceptación. Y sabemos también que igual vamos a sufrir un poco. Pero a eso ya estamos acostumbradas. Por eso somos más sensibles y los entendemos. Sufrir un poco, es parte de nuestras vidas y lo aceptamos así como es. No nos importa llorar, ni parecer bobas, ni teñirnos de rubio con cejas negras. Es parte.
Nuestra ropa puede ser hiper ridícula y nadie se asombra por eso. Una no se convierte en lesbiana por eso. En cambio, un ridículo hombre es puto. Dicho por los machistas y por alguna de ellas. Porque a la mayoría de las mujeres no nos molestan los trolos. Nos une el sufrimiento cotidiano y nos pone felices cuando llega la aceptación de parte de ellos.
CONTINUARÁ.
LAS OTRAS: Diálogos de una enojada ansiosa. (Primera Parte)
Y después, buscaba lugares con wi fi, que a primera impresión, parecía comida china. Con esto de la globalización, uno tiene que cumplir cada vez más requisitos para conseguir un buen puesto.
Primero, fue el inglés. Cuando yo era chica, el inglés se enseñaba en algunos colegios selectos, como segundo idioma. Después se sumaron los estatales y últimos los católicos. Que pertenecen a otro selecto grupo (creen ellos) que les cuesta un poco más que al resto, aceptar la realidad tal cual es, en todo sentido.
Cuando ya el idioma abarcó todos los colegios primarios… vino el segundo. Como siempre sucede en la vida.
El segundo, el francés, cayó de la mano de la familia monegasca y sus ruidos sentimentales. Los tanos no tardaron en sumarse, prestos siempre a estar donde hay joda y buenas minas como acá. Y si de joda hablamos, el portugués no podía estar ausente. Y ahora toooodo el mundo a aprender a hablar como garotos y moviendo las caderas al ritmo del samba en arenas brasucas. Chiquitas y superpobladas como vereda del Once pero más limpias y lindas: Canasvieiras.
Y después, ya se fueron a la mierda con el chino. Primero se coparon con las boludeces de todo por dos pesos, las cámaras de fotos, los supermercados y el I Ching. Y ahora importan el idioma también. No les queda más nada por traer de China. Ah, si, la soja. Y para variar, conflictos con el poder también. Falta que nos gobierne un buda y estamos todos.
El alemán siempre estuvo, pero desde la segunda guerra, quien sabe el idioma, se sabe también discriminado.
Discriminar, no es una mala palabra. Es natural en el ser humano. Todos discriminamos, y no por eso nos convertimos en hijos de puta. Nos gusta más el rojo que al azul. O al revés. Y que tiene el rojo que no tenga el azul?? Nada en particular. Solo que nos gusta más el rojo. Y si somos contradictorios nos gustaría más el azul pero nos quedaríamos con el rojo. Porque es más cómodo, por ejemplo.
Mucha gente prefiere la comodidad de la obligación, a la libertad de los gustos. Incluso, a veces, parecería que es pecado darse los gustos.
Y uno se ve en la obligación de decirlo en voz alta: ME VOY A DAR UN GUSTO!. Anunciándolo a todos los presentes como para disculparse de entrada.
GUSTO CULPOSO (da explicaciones de por qué se va a dar un gusto): Y si, con la flaca lo merecemos, trabajamos 9 horas cada uno todos los días… nos teníamos que dar un gusto.
NOS TENÍAMOS QUE DAR UN GUSTOOOOOOO, DICEN!!!
Me hacen enojar, me hacen enojar (dice, meneando la cabeza LA ENOJADA que no puede con su genio). NO TENÍAS QUE DARTE UN GUSTO!!! QUERÍAS DARTE UN GUSTO Y ESTA BIEEEEEEEEEEEEEENNNNNNNNNNNNNNNN! SI QUERÍAS DARTE UN GUSTO DATELÓ Y ESTÁ BIENNNNNNN. No tenés que dar excusas por eso.
CONTINUARÁ.
jueves, 2 de julio de 2009
Las Otras (III) La divertida
Es una cazadora furtiva de bloopers. Siempre está buscando algo para reírse con ganas. No es raro verla en la calle sonriendo a todo el mundo al pasar. Desde los recolectores de basura, hasta los muchachos de la construcción que le gritan desde lo alto. Ella sonríe a todos y a todo.
Le encanta entrar en comercios y meterse en las conversaciones ajenas para hacer alguna acotación graciosa; entabla diálogos impredecibles en los ascensores con perfectos desconocidos; celebra una y otra vez los mismos chistes de sus amigos, que luego intenta contar a terceros (infructuosamente) porque se tienta antes del final; ensaya frente al espejo distintas formas de reírse con ganas y sueña con que el mundo reconozca su talento para la risa fácil y la acompañe en su gesta humorística.
No es extraño verla asistir una y otra vez a ver la misma obra de teatro que la hizo reir la primera vez. Busca en cada función algún chiste que se haya perdido en la anterior. Su única queja, es que los actores no le dan suficiente tiempo para festejar los chistes adecuadamente. Es fanática de las personalidades alegres y descontracturadas.
Entre sus ídolos cuenta a Maitena, Woody Allen, Almodóvar, Sabina, Serrat, el gordo Casero, Quino, Fontanarrosa y el gerente comercial de su empresa. Aspira a juntar a todos en un asado en su casa… aún después del deceso de alguno y entre excesos del resto.
Les hizo jurar a sus amigos, que el día de su velorio habrá una fiesta. Que las flores irán en jarrones, y nada de coronas, claveles y crisantemos. Quiere jazmines y fresias por doquier. No les impedirá que lloren, pero quiere que sea de risa. Para ello se aseguró entrañables amigos actores, directores, fotógrafos, periodistas, cineastas, guionistas, músicos y cantantes de los cuales disfruta a full en vida. También pidió que coman y beban en cantidades adecuadas para disfrutar toda la velada. Y nada de cementerios, quiere sus cenizas desparramadas en el mar, para asegurarse todos los días de su eternidad, una bella puesta de sol.
Vive en sintonía con el universo. Para ella, las cosas pueden salir de una sola manera: bien. Aún en sus desgracias, encuentra una veta graciosa. Su lema es: si llegaste al fondo, agáchate y toma impulso para salir de allí. Todo lo que baja, tiende luego a subir.
Toma a la muerte como una estadía en Cancún… un boleto sin escalas al paraíso. Siempre es la primera en salir a bailar en las fiestas y la última en abandonar la pista. No entiende las indirectas de los mozos al levantar mesas y sillas, las luces encendidas cual estadio de fútbol y el barrido del salón. Ella lo asume como una clara muestra de gentileza para poder expresar su algarabía por toda la pista. Más de una vez, sus amigos debieron sacarla en andas y depositarla en la puerta de su casa. Aún así, sola en su living, pone música, se saca los zapatos (si es que no lo hizo antes) y continúa la fiesta con personajes imaginarios tan incansables como ella.
Escribe blogs que nadie lee, participa activamente de cuanta cadena de mails pasa por su casilla y busca incansablemente por internet cómplices de su alegría innata.
Frase preferida: “No te tomes la vida tan en serio, al fin y al cabo, no saldrás vivo de ella.” “Yo no sufro de locura, la disfruto a cada minuto”.
Frase que detesta: “Es bueno dejar el trago, lo malo es no acordarse dónde.” (porque le pasa seguido)
Compatibilidades: Sin restricciones.
Enemigas íntimas: La depresiva.
Advertencias: Jamás le diga “hablemos en serio”.
Instrumento preferido: El dentífrico.
Actividades afines: Residencias médicas (incluso psiquiátricas), reuniones de consorcio, almuerzos laborales, elecciones nacionales, velorios, colas bancarias, de espectáculos, carnavales y cualquier evento que incluya participación humana en plural.
