sábado, 15 de agosto de 2009

Las Otras: La Loca


Nada como alejarse de todo y pasar un fin de semana en la costa… sola. Todo salió como en las películas pero sin macho a la vista.

Tal como se había planeado de antemano. El viernes laboral transcurrió sin mayores traspiés. A la mañana, auditoría a la Dirección de la empresa. Confieso, que después de la reunión de auditores con redacción del informe como programa de jueves, la cosa no pintaba bien. Discutí como loca en mis mejores épocas con mi amigo Beto, Responsable de Calidad, que se encaprichó en no levantar una No Conformidad a uno de los Directores de la Empresa. Terminé cerrando mi notebook como desquiciada, diciéndole que entonces, el informe y la auditoría pendiente a la Dirección vaya él, y que haga lo que carajo se le cante el orto. Volví después de una vuelta a la manzana y dos cigarrillos devorados cual incendio en estación de servicio.

Me senté nuevamente a la mesa, con cara de póker y reina ofendida en un solo gesto. Detestaba haber pasado por loca una vez más. Mis años de terapia, yoga y metafísica como bollo al tacho en dos segundos. Mi rol de auditora comprensiva e inmutable otra vez manchado cual libro con kétchup. Algo me decía que tampoco sería la última que Beto me saque de quicio en su rol inapelable de Hitler vernáculo pero rubio y sin bigote. Recité todos los epítetos descalificativos que se me ocurrieron, repetidamente cual lora desplumada durante toda la vuelta manzana. Encontré en la puerta de las oficinas a Javier, otro auditor cabrón y descreído como yo, en la misma situación. Pucho en la mano y cara de impotencia. Nos miramos de lejos y nos empezamos a reir a carcajadas.

Concluida la maldita reunión, bajé encomiada a mi notebook a imprimir evidencia para afrontar el viernes sin apelaciones de la contraparte. Encontré sobre mi escritorio, prolijamente colocado, un cartoncito que decía “feliz día del amigo” y un sobre con gel íntimo pegado a un costado. Me di vuelta para mirar a mi jefe, que me dice divertido, que me lo había obsequiado nuestro jefe común: el gerente comercial. Tampoco me animé a preguntarle para qué. El papel de boluda total me sale bien.

Al otro día, cuando bajé a saludar a Beto, me dice “soñé toda la noche con vos” Estuve tentada a preguntar qué, pero no se si quería enterarme. Nos reimos, le dije que lo quería igual -cosa realmente cierta-, y me fui con Javier a auditar a la dirección. Obvio que el informe incluyó el párrafo que él quería sacar, no como una no conformidad, sino como oportunidad de mejora, porque lo agregué a la noche cuando me envió el informe. Como suponía, al Director en cuestión, no le importó nada el punto controvertido y me dijo “hacé lo que quieras”. Batalla ganada en primera instancia. Salí feliz pero aún sin perdonarme “el desliz” del día anterior. Detesto perder los estribos, la montura y el caballo todo de un mismo saque.

Fui a almorzar con mis jefes y mi compañero de equipo. Cuando les estaba contando las novedades, entre risas y metiendo el bocadillo con calzador, el gerente comercial suelta sin más: “¿Cómo no se va a dar cuenta? Es como que vos no te des cuenta que te estoy tirando los perros”… mi jefe lo mira y le dice “volcaste”. Yo me rio, levanto las cejas, meneo la cabeza de un lado a otro y dejo que la charla siga sola. “Era una joda”, dice, como si hiciera falta aclarar la situación. Tercer “no quiero enterarme” en menos de 24 horas. No hacía falta. Básicamente por tres motivos: el gerente comercial me hace cagar de risa todos los días, está rematadamente loco y ni en pedo me metería con un compañero de trabajo… no más.

La tarde fue más que divertida, una de mis preferidas, para hacerme olvidar el mal trago del día anterior. Diego, mi jefe; Lean, mi compañero; Javi, Beto, Julio y Seba en mi oficina hablando de obscenidades en mi presencia. Algo habitual y que me encanta: que los hombres obvien que soy mujer y hablen como si estuvieran solos. A cada uno que entraba a la oficina atraído por las carcajadas, le espetaban sin más y ante el respetuoso silencio general: “a vos te calienta que dos minas se besen?” Seba fue el único que objetó y dijo: me da asco. Inmediatamente, ante el público hostil por su respuesta aclaró: bueno, si están en bolas, en una cama y están buenas es otra cosa, ahí sí”. Mentalmente pensaba: boludo, si están en bolas son travestis, no minas. Pero no dije nada.

En un momento Javi hizo el comentario de rigor: Che, está Sol, bajen un cambio. Mi jefe respondió sin dudarlo: Sol, a esta altura, es un pibe más. Gracias Diego! Lejos de ofenderme, lo banco. Esas charlas me proporcionan mucha info. Info al pedo, porque al momento de aplicarla, me va para el orto. Pero me divierten sobremanera y eso vale.

Como siempre sucede, todo comenzó con una charla seria: que harían si tuvieran un hijo puto. Diego soltó: lo cagaría a trompadas. Y ante mi mirada censora, acotó: yo tengo una teoría. A ver Freud, fue mi respuesta. La verdad, es que su teoría, para sus nulos conocimientos de psicología, era más que acertada. Recitó a Lacán como si fuera su discípulo sin nombrarlo. Inobjetable. El pibe es inteligente, además de mi ídolo. Bien por Diego. El concepto lacaniano en cuestión es que la función paterna debe sacar al hijo de las fauces abiertas del cocodrilo materno. El no lo expresó con esas exactas palabras, pero describió muy bien su función como padre.

Ahora, como derivó todo en las minas matándose, no lo recuerdo. Se hicieron las seis… mi avión me esperaba. Bajé a la cochera para sacar los petates del auto y disponerme a esperar el taxi. Me encontré con mi jefe y el gerente comercial. Raudo, baja del auto un paquetito de forros y me lo dá. Tampoco le pregunté para que tenía eso en el auto siendo casado con hijo. “Ya tengo, gracias”, “cuidate nena y pasala bien” fue su respuesta. Casi paternal. Mis compañeros me cuidan cual hija boba. No quería explicarle que planeaba pasarla sola y escribiendo. No hacía falta, no me iban a creer.


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